By WpPayCm Payday loans
No lea este artículo, antes debería leer a Joseph Sheridan Le Fanu y su imprescindible ‘Carmilla’, la vampira más desconocida y hermosa de la literatura. Escondida detrás del macho alfa, ese Drácula que, coloreado por el cine, representa al mito del vampiro moderno y machista. Porque en el origen, como siempre, hay una mujer: Carmilla. Aunque no se cuente…
Bram Stoker se llevó la fama, aunque en el origen de la vampirología moderna está indudablemente Le Fanu, que había publicado su novela corta en la revista The Dark Blue en 1871, dieciséis años que Stoker. De hecho, la que mucho consideran la novela de vampiros más famosa de la historia tiene bastante de la propia Carmilla, recopilada de inmediato en la colección de relatos ‘Las criaturas del espejo’ (1872), un año antes de su muerte.
Aunque el origen propio del “vampirismo” sucede mucho antes, con el benedictino francés Agustín Calmet (1672-1757), abad del monasterio de la orden de San Benito de Sénones, en Lorena. Gran erudito, autor de un monumental comentario bíblico (compilado en 23 tomos), se interesó pronto por el mundo de las apariciones. Y escribió dos volúmenes, reeditados hace poco por la Editorial Rey Lear, bajo el título de ‘Tratado sobre los vampiros‘.
El primer volumen, Calmet lo había llamado ‘Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos’. Y el segundo: ‘Disertación sobre los redivivos en cuerpo, los excomulgados, los upiros o vampiros y los brucolacos’. Ambos fueron publicados, por primera vez en 1746.
Sanguijuelas
Calmet definió al vampiro -es interesante, las replicas que a Calmet dan Voltaire y Feijoo-, según sintetizó más tarde el ‘Diccionario infernal’ (1818), de Collin Plancy: “Los revinientes de Hungría, o vampiros, [...] son unos hombres muertos desde hace un tiempo considerable, más o menos largo, que salen de sus tumbas y vienen a inquietar a los vivos, les chupan la sangre, se les aparecen, provocan estrépito en sus puertas y en sus casas, y, en fin, a menudo les causan la muerte. Se les da el nombre de vampiros o de upiros, que significa en eslavo, según dicen, sanguijuela”.
“Sin la aportación de Calmet, Bram Stoker no habría podido escribir su célebre Drácula. Tampoco hubieran sido posibles ‘El vampiro’ (1819), escrito por John William Polidori, médico personal de Lord Byron, ni Carmilla”, afirma un vampirista reconocido como Luis Alberto de Cuenca. Aunque Le Fanu se inspiró sobre todo en un hecho real: la biografía de la condesa transilvana Isabel Báthory.
La Báthory -cuya vida noveló rigurosamente Javier García Sánchez en ‘Ella, Drácula’- ingresó en la historia con el alias de “la Condesa Sangrienta” debido a que, entre otras turbias aficiones, gustaba de beber la sangre de doncellas vírgenes para preservar su lozanía. Báthory mataba el aburrimiento torturando a sus víctimas, traídas por sus lacayos de todos los rincones de los Cárpatos con la promesa de servir a la nobleza.
Aunque si Calmet pudo enmarcar la temática vampiresca, fue realmente Le Fanu quien recogió el mito rescatado por el benedictino para darle naturaleza literaria e insertarlo en la tradición gótica. Y, a partir de ahí, prácticamente sigue siendo el referente inmediato. Como admite el sueco John Ajvide Lindqvist, el último gran autor vampírico. Le Fanu es, asimismo, el primer gran autor del género del terror. Y no sólo como creador del vampirismo, sino también de la llamada ‘ghost story‘.
‘Carmilla’, como casi todas sus obras desde ‘La habitación de el Dragón Volador’ génesis de la novela de fantasmas a ‘Schalken el pintor’, posee un intensidad y una perfección literaria abrumadora; quizás apagada, escondida, por su perfil erótico y lésbico, de esa Carmilla prendida por Laura. Todo un tabú para el siglo XIX. Esa sexualidad será, reconvenida en atracción heterosexual por Francis Ford Coppola, por supuesto. De todos los mitos del terror, el vampiro es el más complejo, con su mezcla de erotismo y muerte, de Eros y Thanatos. Y se lo debemos a Le Fanu.
Una misma estructuraSu estructura es aún inamovible: ataque, muerte/resurrección y destrucción. Casi todos los relatos de vampiros tienes esa misma introducción, desarrollo y desenlace. “También se incluyen la seducción de la víctima por parte del vampiro, la confusión entre sueño y realidad, el intento en vano de explicar hechos sobrenaturales en términos racionales, y los métodos del folklore para reconocer, capturar y matar vampiros“, opina Paco Quiles. Lo cual le da, entre otras cosas, no sólo una maestría innegable, sino también una actualidad imperecedera. “ mantienen su capacidad hipnótica y aún suscitan algún escalofrío“, según Robert Saladrigas.
“Fue un caballero de aspecto grave, carácter retraído y estricta mentalidad victoriana. Pero las narraciones que le hicieron célebre eran macabras, barrocas, escalofriantes -sigue diciendo Saladrigas-. Se le considera el fundador de las historias terroríficas en inglés, muchas protagonizadas por criaturas de psicología marcada por una oscura culpa, víctimas de la crueldad que a su vez no dudan en infligir a otras. La obra de Le Fanu rebasa las fronteras del género porque refleja, a veces en forma de parábola, la tortuosidad de los irlandeses de su tiempo“.
“La obra de Sheridan Le Fanu -escribe Roberto Cueto- marca la transición de la corriente clásica de los Radcliffe y Maturin a la llamada novela sensacionalista de la era victoriana (…). Esa tensión entre el pasado terrorífico y el presente cotidiano será una de las claves para entender gran parte del fantástico posterior“. Marcó una época, desapareció y volvió a la primera línea de la literatura, a la que ahora, entre la moda vampírica, regresa paulatinamente de nuevo.
“Mi padre pertenecía a un grupo surrealista en que sólo tenían cabida dos libros de terror, ‘Drácula’, de Bram Stoker, y, por supuesto, ‘Carmilla’. Y la necesidad de escribir novelas surgió de sus lecturas a los 13 años de edad. Esas lecturas también hicieron que me guste jugar con lo fantástico y con la realidad“, afirma, por ejemplo, Fred Vargas, autora de novela negra que en su última novela cierra una vieja deuda introduciendo en su última novela, Un lugar incierto, una trama vampírica y gótica.
Origen femenino
El vampirismo, y ahí es donde Le Fanu cobra especial relieve, tiene un indudable origen femenino, pues no deja de ser una metáfora con faldas de las fuerzas irracionales, de la Tierra providente, madre nocturna y arbitraria, que llama a sus hijos desde la pasión, y no desde el pulcro raciocinio, desde el orden diurno e industrioso de los hijos del XIX anglosajón. Le Fanu regresa a la Edad Media, a las leyendas, al culto femenino.
El escritor irlandés hace la misma lectura, aunque literaria, que, por ejemplo, ensaya históricamente Jules Michelet en ‘La bruja’, cuando la contemporaneidad comienza a reflexionar sobre lo que apenas ha reflexionado nunca: sobre el género, o más aún: sobre la cárcel del género. ‘Carmilla’ y ‘La bruja’, en este sentido, supone un hito de tal importancia en la tradición cultural occidental, un intento de devolverle su raíz matricial.
Éxtasis y terrorEntre éxtasis, terror y perplejidad, Le Fanu sitúa su historia en la rural Styria, donde Laura, la heroína y narradora, vivía. Su padre, un funcionario austriaco retirado, había podido comprar un castillo abandonado a buen precio. Carmilla aparece por primera vez en la escena que abre la historia y lo hace metiéndose en la cama de Laura, una niña de 6 años. Laura se durmió en sus brazos hasta que se despertó de repente con la sensación de dos agujas clavándosele en el pecho.
Reaparece cuando Laura ya tiene 19 años. Y es en esa Carmilla en la que Laura reconoce a la Condesa Mircalla Karnstein, según un retrato de 1698. Y el General Spielsdorf a Millarca, la joven vampiro que ha dado muerte a su hija. Carmilla/Mircalla/Millarca tiene una fuerza sobrehumana y era capaz de adoptar diferentes formas, sobre todo de animales. Su transformación favorita era en gato, más incluso que en lobo o vampiro. Por supuesto, dormía en un ataúd.
Y en fin, quiere decirse que el vampirismo, la pasión, la noche visceral y arcana, es un asunto femenino. Que hermoso es el Mal cuando es hermoso. Y siembra el ejemplo, no sólo en el Drácula que impondrá su machismo galopante, sino también en otras vampiresas como la de Paul Féval que asoló el París napoleónico. O las que Jan Potocki incluye en ‘El manuscrito’ encontrado en Zaragoza. Incluso la Olalla de Robert Louis Stevenson.
García Sánchez ha intentado convertirse en un Le Fanu contemporáneo, aunque sin sexo y con gran crudeza. Él, en vez de Carmilla, quiso recrear a Ersébet Báthory, de quien escribieron también Alejandra Pizarnik, Marguerite Yourcenar o Valentine Penrose. “Porque ella y sólo ella fue la verdadera Drácula“, dice García Sánchez. ‘El Empalador’, caballero cristiano ortodoxo, jamás osó tocar la sangre de su víctimas. Su exaltada fe se lo impedía. El personaje de Erzsebet es tan genuinamente diabólico que por esa razón nadie se ha atrevido a llevarlo en serio al cine. Como si prefiriésemos seguir pensando que fue todo una pesadilla, una ficción.
Hablamos de los orígenes de Le Fanu de los mitos que inspiran su novela, tan importantes como los rastros que le persiguen en el cine. Muy tempranamente, como lo hizo el genio danés Carl Theodor Dreyer. Saltó del cine mudo (época que cerró en 1928 con la prodigiosa ‘La pasión de Juana de Arco’) al sonoro en 1932 con Vampyr, basada libremente en el relato de Sheridan Le Fanu, afortunadamente restaurada en 1998 por la Filmoteca de Bologna y, desde el año pasado, disponible en DVD en España. Le sigue un amplio rastro, como la versión vacua de Roy Ward Baker en 1970 en ‘Las amantes del vampiro’.
Drácula, el no muertoHasta cierto punto no podía ser de otro modo. Luego, la pintura, por ejemplo, ha reflejado el encanto de Carmilla. Sin ir más lejos, con cabellos rojizos, piel blanca, un gesto de seducción y agresión, una combinación de morbidez y sensualidad: así es la vampira que pintó Edward Munch y que se puede contemplar en el Metropolitan de Nueva York.
En 1897, el escritor irlandés Bram Stoker escribió Drácula, la novela de vampiros más famosa de la historia y un clásico de la literatura universal. Stoker había creado un personaje de ficción que, a partir de entonces, fascinaría al mundo. El final de la novela -”Fue como un milagro, pero ante nuestros propios ojos y casi en un abrir y cerrar de ojos, todo el cuerpo se convirtió en polvo, y desapareció”-, hacía sospechar a muchos que el autor planeaba continuarla. Así era.
Con su muerte, Stoker dejó unas notas, guardadas en familia hasta que su sobrino biznieto, Dacre, aceptó una oferta de 1,3 millones de euros de las editoriales Dutton (de Estados Unidos), HarperCollins (del Reino Unido) y Penguin (de Canadá) para darle cuerpo a esas notas: Drácula, el no muerto. Pero Carmilla tampoco ha muerto. Está escondida entre el machismo y en el desconocimiento reinante.
Juan Carlos Rodríguez
http://ecodiario.eleconomista.es/
Juan, si te gustaría, estoy a pesar de porqué & todavía feliz de dejárte recibir cierta oferta mía laboral, Chile, así pueda ver etc., saludos, Joram, arentved@in.com, continuará por allí, nota: Como pasó el tiempo, todavía hubo ciertos problemas por doquier, cosas a, qué no me rendí a, qué pudiera ver como relevante asunto.
Comparto absolutamente el entusiasmo y la veneración por este bellísimo relato de Le Fanu. Comprendo la actitud del poeta Jorge Teillier, que lo prefería al Drácula de Stoker, aunque personalmente no sería capaz de quedarme con uno. En todo caso, no se trata de la primera vampira en la ficción literaria. Clarimonde, de Gautier (pòr ejemplo) , es de 1836, y es también un texto maravilloso y que no le debe nada a nadie en términos de calidad.
Puede ser cierto que la obra de Calmet sea un detonante para la fcción vampírica, aunque hay que aclarar que el mismo no escribió ficción sino upirología. Y es que tenemos que entender que si hablamos de libros de vampiros los hay de varios de tipos que en cuanto a su objeto formal difieren mucho entre sí. En realidad, el vampiro de ficción se inaugura con el relato de Polidori.
Rara me parece la afirmación de que Coppola haya “heterosexualizado” al vampiro, puesto que antes están Langella, y Fisher con Lee, y Browning con Lugosi. En realidad, la figura del vampiro viene en vertientes masculina y femenina desde muy atrás, y en la propia figura del Drácula stokeriano convergen las dos, siendo Stoker un incuestionable tributario de Le Fanu.
Un indudable referente histórico para Carmilla es Erzsebet Bathory. Sobre la condesa se han hecho varias películas, como La Novia Ensangrentada, de Jorge Grau, y La Condesa Drácula de Peter Sasdy, protagonizada por Ingrid Pitt, quien encarnó también a Carmilla en The Vampire Lovers, la versión de Roy Ward Baker para la Hammer sobre el texto de Le Fanu. Tal vez ninguno de estos filmes sea “en serio” como dice el autor del autor del artículo. Habrá que esperar que tiene que decir Julie Delpy, quien acaba de terminar una película donde dirige y además encarna a Bathory.
Para decirlo todo, hay quien con muy buenos argumentos sostiene hoy que la condesa Bathory no fue una asesina serial ,sino la víctima de una conspiración destinada a arrebatarle sus tierras.
Todavía creo, que podrá existir algo oculto en cuánto a, porqué & cuándo Erzébeth supuestamente ‘murió,’ por ahora & todavía es un enigma, que no prometo a nadie, que pueda faltar de mencionárles a todos, saludos, Joram, ¿algunas sugerencias, por favor? Si este dinero ideal no existiera, fuera por ahora mismo yo mismo, que tampoco existiera en, qué pudiera sentírme como hombre muy amargado e involucárme con & como ‘duaño’ de mal comportamiento, que nunca me pareció ser mi cosa ‘relevante,’ lamentablemente, como pasó el tiempo, todavía existían tontos problemas en, qué nunca firmé, que pudiera confiar & ver como MI ‘relevante caso, saludos, Joram.
P.D.: Perdón, ‘saludos, Joram,’ estaba en repetición.
No toco ‘heavy metal,’ así que mi destino no me da ninguna relevante razón de, qué puede contar con tal sugerencia, saludos, Joram, el músico eléctro-ac., ¿algo más, algo menos?: No gracias.
Most people don’t WANT to be truly happy, so it doesn’t seem that I can fail to tell you that if there HAS to be & IS any good news here & there, of course it’s just a question to define, what your own goal is, if The Corrupt can’t ‘get it,’ for all,
I care, They can still take an f. hike, especially to find out, what Any Black Hole matters to ME, motivation?: Yes please, so that I can of course become & though bit by bit believe in & so on, anyway, any big complication is of course & still a question of, who dares to give in to what, why & when, greetings, ‘J.A.’
Continuado, no perdono a mí mismo por hombre negativo, así que ni mi destino tiene derecho de, qué pueda involucrárme con irrelevante comentario sobre, qué son tales & tales opiniones acerca de, qué me pasó, qué fué & así sucesivamente, Nadya etc., gracias por su ayuda, f. me, too, saludos, Joram.
Hace mucho tiempo que lei por primera vez el relato de “Carmilla” y comparto la veneración hacia este relato que todavia vuelve a mi con apasionada asiduidad.
He leido el articulo disfrutando de el hecho de que el relato de Le Fanu es cada vez más conocido y respetado de lo que ,a mi modo de ver, nunca ha sido. Hecho que constato ya que ultimamente no hay antologia vampirica o de relatos del S.XIX en la que no me encuentre dicho relato.
Aun asi, me gustaría aportar un par de datos que creo que el articulo no menciona y que son inportantes para entender a “Carmilla” y a Le Fanu.
Por un lado, coicido con magno tiros en que el primer relato de vampiros es el de Polidori. Pero en el caso de las vampiras femeninas no hemos de olvidar que su nacimiento literrio fue completamente germanico, pues la primera no muerta chupasangres en el sentido etricto del termino lo encontramaos en Brunhilda, la (anti)heroina de “No desperteis a los muertos” de Ernst Raupach (1784-1852)
Por otro lado en 1824 , antes que Carmilla también, una mujer,Elizabeth Caroline Grey escribió “El esqueleto del conde, o la amnte vampiro” donde una bellisima vampiresa llamada Bertha Kurtel dejara marcadas las caracteristicas arquetípicas de la vampira gótica. Una mujer de gran belleza que bajo su aspecto pálido y fragil inequivocamente victoriano, esconde su verdadera naturaleza depredadora inhumana.
En este caso me gustaría destacar la figura de una mujer como autora del relato que sin duda inspiró a Le Fanu. Mujer que al igual que Carmilla o Bertha no se someten a la domintes designios de una sociedad absolutamente patriarcal como era la sociedad decimononica.
Unos designios que relegaban a la mujer a un mero objeto erotico, esposa y madre servil de los hombres de su alrededor. No es de extrañar que estos personajes de ultratumba se manifestasen con exaltado erotismo y con violento sanguinarismo, como si se tratara de unas “femme fatale”.
Hoy en dia en que la sociedad patriarcal sigue estando vigente (aunque debilitada) en nuestra sociedad no es de extrañar que los relatos de vampiras siganteniendo exito y que las principales escritoras de novelas vampiricas sean mujeres.
Felicidades por la pagina web. Aunque no se como funciona.
Carmilla… ¡Cuánto cariño le tengo a éste libro!
Hace un tiempo llegó a mis manos. Yo no me interesaba sobre el vampirismo, había decidido empezar a escribir hacía muy poco y en realidad mi alma se encontraba desolada en esos tiempos.
Es un libro que lees escondida bajos las sábanas y le gritas a la pobre chica “¡NOOOOOO, no hagas eso!… Lees con un solo ojo de puro susto.
Algo realmente brillante.
Carmilla es una mujer increible. Creo que el personaje tiene mucho potencial por explotar y creo que todos debemos lamentar que Le Fanu esté muerto.
Saludos fraternos y abrazos infinitos.
Isabella.
Hace tiempo leí este bello relato y es buenísimo.
hace muy poco me interese por este bello arte, y debido a mi ignorancia, no he podido leer mas acerca de estos fantasticos personajes.
me encantaria poder leer los libros en lo que aparesca Carmilla.
si pudieran decirme como puedo obtener los libros se los agradeceria muchisimo.
un abrazo fraternal.
Black-Ice~
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Definitivamente todo lo que publican es diferente, por ello los seguimos. Los felicito.