Aunque la novela “Drácula” de Bram Stoker nos presentó a este personaje literario y de paso lo insertó indisolublemente en el inconsciente colectivo como el arquetipo de vampiro, la verdad es que su presencia escénica dentro de los sucesos del libro es bastante escasa. Como decía en un antiguo comentario de la obra de Stoker “Drácula es el mejor actor de reparto en una novela bautizada con su propio nombre”.
Todo lo que conocemos del conde transilvano se nos relata desde la óptica de los demás personajes que van desentrañando, viviendo y sufriendo en carne propia los malévolos designios de este repulsivo ser, al cual finalmente logran destruir.
Pero a Stoker se le olvidó algo (y creo que lo hizo deliberadamente). La pregunta que siempre quedó en el aire fue – ¿Y qué pensaba el conde de todo lo que ocurrió? – Ese, señores, es el gran acierto de este libro, el único a mi juicio.
Fred Saberhagen nos relata los grandes hitos de la novela “Drácula”, pero desde la perspectiva del mismo vampiro. En el presente, los nietos del matrimonio Harker descubren una grabación en su automóvil dejada por nuestro conocido conde (el título original es “The Dracula Tape”) donde describe paso a paso todos los hechos que envolvieron su periplo por Inglaterra, desde el trayecto de Jonathan Harker a sus dominios en Transilvania, su viaje por mar en el Demeter, su estancia en el Londres victoriano y la lucha incansable que sostuvo con el doctor Van Helsing y sus séquitos.
La idea era buena, no lo dudo, pero al leer nos encontramos con otro Drácula, uno que encuentra justificación para todo, hasta para lo injustificable. Olvídense de aquel otrora ser diabólico, maquiavélico y despiadado, Saberhagen transforma al personaje en un tipo simpático y amable, que le faltaba poco para andar pregonando el lema de la revolución de las flores “Paz y Amor” (y obvio aquí Van Helsing y compañía son la encarnación de la ineptitud humana). No es que sea una pésima novela, tiene sus buenos momentos como algunos episodios inéditos (en teoría) de la obra de Stoker, pero esa vuelta de tuerca en la supuesta personalidad del personaje es casi ridícula y molesta a ratos.
Otro punto flojo de este libro es que más que aportar a la historia escrita por Stoker, deja más cabos sueltos y aunque no exista ninguna incongruencia aparente con los acontecimientos que narra el libro original, aparecen cosas demasiado rebuscadas.
Si dejamos de lado estos factores, nos encontramos con una novela poco extensa en hojas y digerible de todos modos.
Sabergahen inicia con “La voz de Drácula” una prolífica saga de novelas (10 hasta el momento) que colocan como protagonista al rey de los vampiros, situándolo en diferentes épocas de la historia. Se le ha criticado mucho (y con razón) esta faceta carismática que le ha dado al conocido vampiro (sin considerar que las tapas de las versiones en inglés, me recuerdan a las portadas de los libros de Corín Tellado que vendían en los kioscos, que horribles!!!). Ésta y su continuación “Sherlock Holmes-Drácula, el encuentro” (1978) (que aún no consigo, aunque por el solo título me imagino el tipo de engendro del averno que será) son las únicas que han sido traducidas al idioma español.
Son algo complicadas de encontrar en las librerías locales (han sido editada por Timun Mas en España), por lo que agradezco mucho al usuario Cmn, webmaster de la página española miweberia.tk por facilitármela en versión electrónica.
Imprescindible para todos aquellos incondicionales del conde transilvano que desean descubrir aspectos hasta ahora desconocidos del personaje. Para el resto de los mortales, óbvienla por favor.
por: Boris López