Que podría decir de este libro que no se haya dicho o escrito antes, por supuesto sin entrar en descalificaciones que ofendan a los miles de fans del conde transilvano.
Empezaré diciendo que no es una gran novela, desde el punto de vista del aporte a la literatura universal. De otra forma estaría incluido como texto escolar obligatorio. Pero de que es una buena historia, no hay duda. Stoker nos brinda una amalgama entre el deseo prohibido de la inmortalidad y la sexualidad cohibida de todo ser humano.
Punto de partida y referente necesario para el fenómeno sociológico actual del vampirismo. Imagínense si Stoker hubiese escogido Atila, el huno, en vez de Vlad Tepes ¿Estaría hoy de moda tener los ojos rasgados, usar bigotes largos y apestar como zorrillo? (tampoco veo mucha diferencia con algunos freaks). No fue un éxito de ventas en su tiempo, pero Bram jamás habría imaginado el real impacto en la cultura popular de su obra. Reeditada cientos de veces, su presencia se mantiene firme, imperturbable a través de los años.
Este relato epistolar, narrado mediante cartas hechas por los propios
personajes nos cuenta la “archi-hiper-conocida” historia de este noble aristócrata europeo, con cierta predilección por los glóbulos rojos, que trata de apoderarse lenta, imperceptiblemente,del Londres victoriano de finales de siglo XIX.
Entrar en más detalles resulta latoso (seguramente, los más entendidos podrían recitar al revés los nombres de los personajes principales).
Sin duda, una novela con personajes inolvidables y con un conde circunscrito a todos los acontecimientos que operan dentro del libro, pero con un protagonismo
escénico casi nulo. Si (por fin) se hiciese una adaptación fílmica fiel de esta obra, el conde ganaría el Oscar al mejor actor de reparto.
Hablando del desenlace, el punto a mi gusto más flojo de la novela, todo se resuelve demasiado rápido, pensando en todas las aventuras y desventuras sufridas por van Helsing y compañía. Un cuchillo suple la clásica estaca, luego la típica transformación en cenizas post-mortem y todos para la casa. En dos o tres líneas se acaba todo, definitivamente un final poco digno. Junto a “Frankenstein” de Mary W. Shelley y ” El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert L. Stevenson componen el triunvirato de las grandes novelas de horror de todos los tiempos (aunque en el fondo no asustan a nadie). Personalmente, le otorgo una Mención Honrosa a “El Retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Ojo, me estoy refiriendo a “novelas ” y no cuentos, por si echan de menos algún nombre.
Imprescindible para cualquier ser humano racional. Pecado para todo aquel vampirofilio neonato.
por: Boris López